Todo el mundo habla de la dieta antiinflamatoria

TODO EL MUNDO HABLA DE DIETA ANTIINFLAMATORIA. ¿SABES QUE HAY DETRÁS?

Una dieta antiinflamatoria es aquella capaz de reducir la inflamación de bajo grado. Pero ¿sabes en qué consiste la inflamación de bajo grado?

Muchas personas dicen: “Estoy inflamado” cuando en realidad quieren decir que se sienten hinchadas. Y aunque parezca lo mismo, no lo es. Entender esta diferencia es importante. Porque no todo lo que se siente en el abdomen tiene que ver con inflamación… y no toda inflamación se nota.

 

INFLAMACIÓN AGUDA VS INFLAMACIÓN DE BAJO GRADO

La inflamación es un mecanismo inteligente de nuestro cuerpo. Si te haces una herida o contraes una infección, tu sistema inmune se activa, y se produce una inflamación aguda, necesaria para reparar el daño. La notamos: se pone rojo, nos duele, se aprecia la inflamación.

Sin embargo, la inflamación crónica de bajo grado es silenciosa, no duele, no hay fiebre y no siempre da síntomas claros. Pero mantiene al sistema inmune en alerta constante durante meses o años y, con el tiempo, crea el terreno perfecto para enfermedades metabólicas, autoinmunes e incluso procesos oncológicos.

 

SABER DISTINGUIR HINCHAZÓN DE INFLAMACIÓN DE BAJO GRADO.

Como decía antes, mucha gente dice estar inflamado cuando en realidad lo que tienen es hinchazón digestiva. Esta hinchazón digestiva está más localizada y suele deberse a otras causas:

  • Mala digestión.
  • Falta de ácido estomacal.
  • Sobrecrecimiento bacteriano (SIBO).
  • Exceso de fermentación intestinal.

Es incómoda, sí. Pero no siempre implica inflamación de bajo grado. Confundir ambas lleva a soluciones equivocadas.

 

¿POR QUÉ ES TAN IMPORTANTE REDUCIR LA INFLAMACIÓN DE BAJO GRADO?

Cuando hay inflamación de bajo grado el cuerpo vive en una especie de “alerta leve permanente”. Y esa activación continua del sistema inmune tiene consecuencias negativas:

  1. Desgasta el sistema inmune.

El sistema inmune está diseñado para activarse y desactivarse. Cuando permanece activado durante meses o años se vuelve menos eficiente, puede reaccionar de forma exagerada y aumenta el riesgo de padecer enfermedades autoinmunes.

  1. Aumenta el riesgo de enfermedades metabólicas.

Aumenta el riesgo de diabetes, de aumentar niveles de colesterol, triglicéridos y hay más facilidad para acumular grasa abdominal (visceral). Esta grasa que llamamos visceral además libera unas sustancias proinflamatorias que a su vez aumentan la inflamación de bajo grado. Un bucle.

  1. Afecta al cerebro (aunque no lo notes)

La inflamación de bajo grado también impacta en el sistema nervioso: más niebla mental, más fatiga, más vulnerabilidad a ansiedad y depresión, peor calidad del sueño. El cerebro es especialmente sensible a los mediadores inflamatorios. No hace falta una gran inflamación para que el rendimiento cognitivo se resienta.

  1. Acelera el envejecimiento

Existe un concepto llamado “inflammaging”: envejecimiento asociado a inflamación crónica. Cuando el cuerpo permanece inflamado aumenta el estrés oxidativo, se dañan tejidos, se deteriora la función mitocondrial, se acorta la vida útil celular. En definitiva, se envejece más rápido.

  1. Crea el terreno para enfermedades complejas.

La inflamación de bajo grado no suele ser la única causa de una enfermedad, pero sí que la facilita. Se ha relacionado con enfermedades cardiovasculares, patologías autoinmunes, ciertos tipos de cáncer y enfermedades neurodegenerativas. Es el suelo fértil donde pueden crecer muchos problemas.

 

¿CÓMO PODEMOS REDUCIR ESTA INFLAMACIÓN? DIETA ANTIINFLAMATORIA.

Hoy en día, se consumen gran cantidad de ultraprocesados: bollería, galletas (aunque sean integrales), refrescos, carnes de baja calidad, aceites refinados, snacks diseñados para no saciar. Son cómodos, baratos y muy palatables. Y son profundamente proinflamatorios. Antes de seguir una dieta antiinflamatoria, es mucho más importante reducir el consumo de ultraprocesados. Con esto, ya tenemos mucho ganado. Digo reducir, no eliminar para siempre de forma radical (esto es prácticamente imposible). Si tomas 4 y reduces a 2, ya has disminuido a la mitad el consumo de ultraprocesados. Y esto ya es un gran paso.

 

LO PRÁCTICO: QUÉ PUEDES HACER DESDE MAÑANA:

  • Añade proteínas en tu desayuno.
    Si aumentas la proteína en el desayuno, estabilizas la glucosa, reduces picos de insulina y evitas la ansiedad por dulce a media tarde. Muchas veces el problema no es la fuerza de voluntad, sino la bioquímica.
  • Toma un par de frutas al día.
  • Toma verduras a diario.
  • Toma pescado azul dos veces por semana (salmón, boquerones, sardinas, caballa…).
  • Añade proteína de calidad en cada comida (huevos, carne, yogures, legumbres).
  • Añade especias a diario (cúrcuma, jengibre, canela, romero…)
  • Cena temprano.
  • Haz ejercicio de fuerza. La masa muscular es antiinflamatoria, el sedentarismo no lo es.

 

CONCLUSIÓN

La inflamación no aparece por un alimento aislado ni desaparece con un suplemento milagroso. Es el resultado de pequeñas decisiones repetidas cada día. Empieza por una sola cosa: mejora tu desayuno, elimina un ultraprocesado habitual o cena un poco antes. No lo hagas todo de golpe, pero haz algo.

 

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